La transformación tecnológica experimentada por los colegios e institutos españoles durante la última década no ha conseguido desplazar al libro de texto tradicional. El formato impreso continúa concentrando cerca del 97 % de la facturación de materiales educativos en Primaria y Educación Secundaria Obligatoria (ESO).
Los datos correspondientes a 2025 de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), facilitados por la Asociación Nacional de Editores de Libros y Material de Enseñanza (Anele), muestran que los productos no impresos vendidos de manera independiente apenas representan algo más del 3 % del mercado en estas etapas.
Sin embargo, estas cifras no significan que la tecnología tenga una presencia reducida en las aulas. Una parte considerable de los libros físicos incluye actualmente licencias y recursos digitales asociados.

El papel supone más del 96 % de las ventas
En Educación Primaria, los libros educativos generaron una facturación total de 279,33 millones de euros durante 2025.
De esta cantidad, 270,27 millones procedieron del formato impreso, lo que representa el 96,76 %. Los 9,06 millones restantes, equivalentes al 3,24 %, correspondieron principalmente a productos digitales, aunque Anele señala que también puede existir una pequeña cantidad vinculada a otros soportes.
Las cifras son prácticamente idénticas en la ESO. La facturación alcanzó los 175,76 millones de euros, de los cuales 170,12 millones correspondieron a libros en papel.
El formato físico representó así el 96,79 % del mercado, frente a los 5,64 millones de euros, un 3,21 %, asociados a productos no impresos.
Diez años de digitalización apenas modifican las ventas
La evolución histórica refleja que el peso comercial de los productos exclusivamente digitales apenas ha cambiado pese a la incorporación de ordenadores, tabletas, pizarras digitales y plataformas educativas.
En 2015, aproximadamente el 3,27 % de la facturación del conjunto de libros de texto no universitarios correspondía al producto digital. Diez años después, el porcentaje ronda el 3,45 %.
Los datos recopilados por cursos escolares por Anele muestran incluso una evolución descendente.
Durante el curso 2014-2015, los productos digitales generaron 28,12 millones de euros sobre una facturación total de 748,64 millones, equivalente al 3,75 %. En 2024-2025, fueron 21,53 millones sobre un total de 773,51 millones, reduciendo su participación al 2,78 %.
Las aulas son más digitales de lo que reflejan las ventas
Las estadísticas económicas, sin embargo, ofrecen únicamente una parte de la realidad educativa.
El director general de Anele, Santiago Romero, señala que no debe confundirse la compra independiente de productos digitales con el uso real de herramientas tecnológicas por profesores y estudiantes.
El modelo educativo actual presenta cada vez más características híbridas. Muchos libros impresos incluyen una licencia que proporciona acceso a contenidos adicionales como versiones electrónicas, vídeos, actividades interactivas y recursos específicos para docentes.
Así, un profesor puede utilizar materiales digitales para explicar una materia mientras los estudiantes trabajan simultáneamente con libros y cuadernos físicos.
Como estos recursos están incluidos en la adquisición del ejemplar impreso, su utilización no queda registrada como una venta digital independiente.
Anele trabaja por este motivo en un sistema que permita conocer con mayor precisión cómo se adquieren y utilizan realmente los contenidos digitales en las distintas etapas educativas.
Primaria podría reducir el uso de pantallas
La tendencia hacia un modelo combinado podría experimentar cambios durante los próximos cursos, especialmente entre los alumnos de menor edad.
Anele considera posible que el peso de las herramientas digitales disminuya en Primaria debido a las iniciativas destinadas a limitar la utilización de pantallas. Algunas administraciones, como la Comunidad de Madrid, ya han adoptado medidas en esta dirección.
Para los editores educativos, el debate no debería reducirse a escoger entre tecnología o papel. La decisión sobre qué formato utilizar tendría que depender principalmente de criterios pedagógicos y de las necesidades de cada etapa y actividad educativa.


